Cuando llega el estío
invaden las solitarias playas
la dorada piel de su manto de arena.
Excretan sus fluidos,
apagan cigarrillos
y extienden en su orilla
un lodazal inmenso
de restos de una orgía.
Su poder es el anonimato,
ocultos en una amalgama
de sudorosos cuerpos,
nada piensan por sí solos,
únicamente son un todo.
Las playas de mi infancia
padecen agónicas
las hordas de nuevos habitantes,
que olvidaron el pueblo
y el pinar silencioso.
Fustigan sin descanso
el frágil equilibrio
de un mundo submarino,
centinela a través de los siglos,
de una riqueza que no nos pertenece.
Mas no hay nada que hacer,
cuando vuelva el estío
y sus cuerpos desnudos,
de ropas y valores despojados,
vivirán
nuevamente
su anónima invasión.
Dejarán de ser yo
en loor de un ser superior.
Serán
